Helechos relictos de El Torcal: Nuevas aportaciones al catálogo florístico

Cuando decimos que El Torcal es una caja de sorpresas y que siempre nos sorprende de alguna manera, no lo decimos en el sentido figurado, sino que hablamos muy en serio. 

Algunas especies de helechos, que no “deberían” de estar allí, han encontrado una brecha para la vida entre las grietas y umbría kársticas.

Es un auténtico regalo acompañar tan de cerca, en nuestra sierra, el ciclo vital de especies como el helecho hembra (Athyrium filix-femina), el helecho escolopendra (Asplenium scolopendrium), entre otros helechos que aún se están investigando. Un paraje aparentemente seco e inhóspito, pero con rincones idóneos para el exuberante verdor de sus frondes. 

Estas especies son vestigios de un tiempo más húmedo y primitivo, actualmente frecuentes en las zonas montañosas y bosques húmedos del hemisferio norte. Su presencia en el sur peninsular es rara y muy localizada. Además, son consideradas especies relictas de la laurisilva, un tipo de bosque húmedo subtropical que predominaba en Europa durante el Terciario.

Ambas especies requieren humedad constante, sombra, suelos ricos y protegidos del viento. Su presencia en el Paraje Natural de El Torcal es un hecho de peso, algo realmente inusual. No se trata solo de una curiosidad botánica, además, es un testimonio de resistencia, adaptación y sincretismo, no solo por parte de “el que busca refugiarse”, sino también por parte de “el que da refugio”. 

Estos hallazgos tienen implicaciones ecológicas importantes, lo que sugiere la existencia de microhábitats húmedos, relictos y protegidos dentro del paisaje kárstico, lo que resalta la singularidad ecológica del lugar, con auténticos refugios climáticos (manantiales y filtraciones de agua localizada) donde perduran algunas especies contra todo pronóstico. 

En esta misma línea de investigación, además, se ha encontrado otro helecho más común en estas latitudes. Se trata de Cystopteris dickieana, hasta el momento desconocido dentro del paraje. En la Península Ibérica se encuentra disperso por todo el territorio, habitando fisuras de roquedos y taludes húmedos. La presencia de esta especie en El Torcal es relevante ya que permitirá ampliar el conocimiento sobre la distribución de dicha especie, hasta el momento desconocida en el enclave natural, enriqueciendo así el catálogo de especies presentes.

Creemos firmemente en la importancia de compartir con la sociedad el tesoro que resguarda El Torcal. Nuestro deseo es «bajar», si es que es posible llevar a cabo tal tarea, un poco de la magia que habita a 1300 metros de altitud a estas líneas y, a través de la Asociación de Torcaleros, acercar el público a algo realmente necesario: conocer para proteger. 

Porque nuestro bosque de piedra, con su riqueza y singularidad, es tan diverso y legítimo como cualquier espesura verde.