
Si has paseado entre los callejones de piedra del Torcal, seguro que te ha llamado la atención unas manchas de un amarillo vibrante que parecen «pintar» los troncos secos de majuelos o las propias rocas calizas. No es pintura, ni un hongo cualquiera: es el Xanthoria parietina, un prodigio de la supervivencia.
¿Qué es exactamente lo que estamos viendo?
A diferencia de las plantas, este organismo es una simbiosis perfecta. Se trata de un «matrimonio» de conveniencia entre:
- Un hongo: Que aporta la estructura, protección y retiene la humedad.
- Un alga: Que realiza la fotosíntesis para fabricar alimento (azúcares) a partir de la luz solar.
En la imagen captada en El Torcal, podemos observar los apotecios: esas pequeñas estructuras en forma de copa o disco. Son los órganos reproductores del hongo, encargados de liberar esporas al viento para conquistar nuevos rincones del laberinto cárstico.
Detalles y Curiosidades del «Sol del Torcal»
- Un Protector Solar Natural: Su color naranja tan intenso se debe a una sustancia química llamada parietina. Al igual que nosotros nos ponemos crema en la cara, el liquen genera este pigmento para proteger al alga de la fuerte radiación solar que azota las zonas altas del Torcal. Si el liquen crece en la sombra, ¡verás que se vuelve de un tono más grisáceo o verdoso!
- Termómetro de la Calidad del Aire: Los líquenes son «centinelas» ecológicos. Al no tener raíces, absorben todo directamente del aire. El Xanthoria es especialmente resistente y nos indica que el aire que respiramos en la sierra es puro, aunque su abundancia suele delatar la presencia de nitrógeno (común en zonas de paso de ganado o donde las aves suelen posarse).
- Ingeniería de Supervivencia: Pueden entrar en un estado de «animación suspendida». Si hace mucho calor y no hay humedad, el liquen se deshidrata y detiene su metabolismo. En cuanto cae la niebla característica del Torcal o una pequeña lluvia, se rehidrata en minutos y vuelve a crecer.
- Crecimiento Lento: La paciencia es su virtud. Algunos de estos ejemplares crecen apenas unos pocos milímetros al año. Esas manchas que ves sobre la madera seca podrían llevar ahí décadas, siendo testigos mudos del paso del tiempo.
¿Dónde observarlo?
Aunque en la foto lo vemos sobre un tronco seco (donde destaca por el contraste de textura), en El Torcal es muy frecuente encontrarlo sobre la caliza gris. Es uno de los primeros colonizadores: su capacidad para disgregar mínimamente la roca ayuda, a lo largo de los siglos, a que se forme el sustrato donde después crecerán musgos y plantas pequeñas.
Nota para el visitante: Aunque sean resistentes, los líquenes son muy sensibles al tacto y al pisoteo. Admira su color y su forma de copa, pero recuerda no arrancarlos para que sigan formando parte del mosaico de biodiversidad de nuestra sierra.
Fotografía de Ana María Artacho Acedo